jueves, 3 de julio de 2008

mi futuro.

Llevaba meses cuestionando a mi misma que iba hacer de mi por el resto de mi vida. Siempre creí tener una idea clara de que iba hacer cuando me graduara del colegio. Iba a estudiar leyes para mas luego trabajar en una importante firma de abogados y convertirme en una buena abogada defensora de las leyes. Aparentemente Papa Dios tenia mejores planes para mi, y un mes antes de graduarme se me presentaron unas ganas increíbles de convertirme en escritora, de escribir por el resto de mis dias y que cuando llegue la hora de mi muerte haya cumplido mi sentencia de hacer lo unico que me gustaba en la vida. Escribir. Nunca pensé que serian tan claras. Las señales que nos envía Dios. Nos pasamos toda una vida cuestionando porque nos suceden algunas cosas, porque nos habrá tocado vivir cierta circunstancia. Y suplicando le a dios que nos envíe una señal con la respuesta correcta. Sin embargo, no nos damos cuenta que esa señal ha estado con nosotros mucho antes de que nosotros consideramos la pregunta en primer lugar.


Fue hace mucho tiempo, no recuerdo el ano, o el día, o la hora y mucho menos si era invierno, primavera, otoño o verano. Esa es la condena que pagamos nosotros los que vivimos cerca del ecuador, nunca sabemos diferenciar entre las estaciones porque el calor es tan abundante durante todo el año que resulta imposible. Estaba en la casa de verano de mis abuelos paternos, era una casa grande con muchas habitaciones suficientes para albergar a toda la familia. El calor, como siempre era incesable, como si una ola infinita ahogara el ambiente con una energía superior a nosotros mismos que nos envolvía en un estado de vapor insoportable. Aun así, nos reuníamos todos los domingos para gozar de la presencia el uno del otro. Yo era pequeña tal ves tenia unos seis o siete años y como siempre andaba por la vida, en este caso por la casa con una mochila llena de cuadernos y lapices, ese era mi marca, mis cuadernos y mis lapices y siempre lo serian. Mi prima al igual que yo, casi inconsciente del calor, me acompañaba al cuarto donde íbamos jugar a ser “grandes”. esa es una de las grandes ironías de la vida, cuando chicos no nos cansamos de pretender que vivimos en un mundo de adultos, y nos fijamos en cada detalle en cada acción de todos los adultos a nuestro alrededor para mas luego copiarlos pretendiendo ser ellos. Sin embargo cuando crecemos que somos merecedores de nuestras propias responsabilidades deseamos volver a ser niños inocentes capaces de escapar de cualquier estrago del mundo real. Y así estábamos mi prima y yo pretendiendo ser “grandes” cuando mi prima hizo un comentario que tal ves seria la primera señal que Dios me dio de que yo tendría que hacer por el resto de mi vida. Mi prima, inocente y tal ves de la misma edad que yo, tal ves un poco menos le dijo a mi Tía que acababa de entrar al cuarto y pregunto por la mochila que se encontraba encima de la cama. “ Son de María Cristina, ella siempre anda con una mochila llena de cuadernos.”


El pasado 24 de junio me gradué del colegio. Y recibí una grata sorpresa. Cada año el colegio otorga premio a los estudiantes que se han destacado en cada una de las materias básicas en ingles y en español. Comenzaron a anunciar los ganadores, cada uno con un pequeño discurso describiendo al alumno ganador como para crear cierto ambiente de suspenso antes de anunciar el destacado. Acabaron los de español y entregaron el único premio que tal vez me merecía el de literatura. Continuaron con los de ingles y el primer premio fue el de literature. Comenzaron con el discurso tradicional, creando una especie de suspenso para todos nosotros. Irónicamente todos mis compañeros sabían quien se iba a ganar el premio especial como así lo llama el colegio, exceptuando me a mi. y de repente todos los libros leídos y el amor por la literatura se transformaron en un emblema de papel con mi nombre, Maria Cristina Hernandez Barcelo.
No importa que fecha, no importa si mi memoria guarda el recuerdo como si fuera ayer o la semana pasada o incluso alguna década atrás. Dios nos deja señales como si fueran pistas, y nuestra propia vida fuese un misterio por resolver , de que nos tendríamos que convertir y que tendríamos que hacer durante gran parte de nuestra existencia. A mi me toco ser escritora.

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